El día que todo pasa
Hay un día muy concreto en la vida. Un día que parece marcar el comienzo de algo precisamente porque anuncia un fin inevitable. Ese día en que algo que tanto perseguiste, finalmente ocurre. Aquel examen que te quitaba el sueño, se aprueba. Aquel viaje que proyectaste durante años, se vive. De pronto, el orgullo de haber atravesado la meta se mezcla con una extraña sensación de ligereza: lo lograste, y al hacerlo, esa meta deja de ser un motor para convertirse en un recuerdo. Pero también es el día en que lo que dabas por sentado, se desvanece. Una relación que parecía sostenible se rompe en mil pedazos; un trabajo que creías seguro, se termina. Aquellas estructuras que no estaban alineadas con tu presente se caen, recordándote que la seguridad es, muchas veces, un espejismo. Y entonces, parece que ya se acabó. Se cerró un tramo, pero solo para que empiece el siguiente. La quietud El día que todo pasa aparece una quietud extraña combinada con incertidumbre. Es el momento de ...