La urgencia del cristal roto
El sonido no fue espectacular, pero el silencio que vino después sí. Fue un movimiento torpe en la cocina, un roce descuidado y, de pronto, la violencia limpia del vaso estrellándose contra el suelo. Miles de esquirlas esparcidas como una constelación de bordes afilados. Mi primera reacción fue un enfado; esa rabia absurda por lo inevitable, acompañada del impulso automático de recogerlo todo a prisa, de disimular el desastre y dejar la superficie limpia otra vez. Como si la prioridad fuera borrar que no había pasado nada. Pero me quedé inmóvil. Entendí que la molestia no era por el vaso. Era porque ese ruido sordo había despertado algo que llevaba tiempo rondándome en la cabeza, pidiendo ser escrito. Romper suena duro, dramático y definitivo. Nos han enseñado la física de la contención: a sostener estructuras, roles y vínculos aunque nos estén cortando las manos por los bordes. Cargas con tus viejas versiones por el pánico silencioso a defraudar, atrapada en el molde de la persona com...