El día que todo pasa

 


Hay un día muy concreto en la vida. Un día que parece marcar el comienzo de algo precisamente porque anuncia un fin inevitable.

Ese día en que algo que tanto perseguiste, finalmente ocurre. Aquel examen que te quitaba el sueño, se aprueba. Aquel viaje que proyectaste durante años, se vive. De pronto, el orgullo de haber atravesado la meta se mezcla con una extraña sensación de ligereza: lo lograste, y al hacerlo, esa meta deja de ser un motor para convertirse en un recuerdo.

Pero también es el día en que lo que dabas por sentado, se desvanece. Una relación que parecía sostenible se rompe en mil pedazos; un trabajo que creías seguro, se termina. Aquellas estructuras que no estaban alineadas con tu presente se caen, recordándote que la seguridad es, muchas veces, un espejismo.

Y entonces, parece que ya se acabó. Se cerró un tramo, pero solo para que empiece el siguiente.

La quietud 

El día que todo pasa aparece una quietud extraña combinada con incertidumbre. Es el momento de descubrir que la meta no era el destino final, sino un punto de control en el camino. Porque el destino es de paso, pero el camino es una forma de vida en constante movimiento.

¿Cómo se olvida ese día? Yo recuerdo muchos de ellos. Esa decisión difícil, ese impulso que parecía no tener sentido, son los que me trajeron aquí. Una y otra vez, a terminar y empezar.

Es como ese amor (hacía un idea, una persona o una versión anterior a ti), que intentas mantener con todas tus fuerzas: un día se va para no volver y, aunque quisieras retener ese sentimiento, se ha ido. Hubo un tiempo en que era lo que más querías; luego, lo que más deseas olvidar. Hasta que, sin más, ya no afecta. Deja a su paso un vacío que no es ausencia, sino una gran oportunidad: un espacio limpio, listo para ser llenado de nuevo.

El orden

El día que todo pasa, se pierde el peso. Mientras algunas cosas ya no importan, otras —las verdaderas— encuentran su lugar. Todo se ordena. Y el orden es calma.

Entonces descubres, tarde o temprano, que al ruido siempre le sigue el silencio. Y en ese silencio es donde vuelves al centro. Allí, donde tarde o temprano encontrarás un nuevo "algo" que alcanzar, un nuevo sueño que perseguir... sabiendo, desde el inicio, que eso también pasará.

Disfruta la transición. Porque el día en que todo pasa, es siempre la víspera del día en que todo empieza.


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